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miércoles, 19 de febrero de 2014

Produciendo alimentos con semillas locales

¿Por qué tanto miedo a que los agricultores usen sus propias semillas locales? ¿A qué viene tanta presión política contra los gobiernos? ¿Es que alguna transnacional teme que bajen las ventas de sus semillas transgénicas y abonos químicos?

Cada día más agricultores en más lugares del mundo escogen seguir produciendo sus alimentos usando sus semillas locales mediante unos métodos agrícolas tradicionales que respetan el medio ambiente y que lo hacen más sostenible.

Buscan alejarse de las semillas transgénicas y de los abonos químicos que si bien favorecen, en primera instancia, una mayor productividad de los cultivos, después meten a los campesinos en una espiral en la que año tras año tienen que comprar nuevas semillas y nuevos abonos para conseguir continuar con la productividad de sus campos dando así extraordinarios beneficios a las transnacionales.

El respeto del derecho de los agricultores para usar, intercambiar y vender sus propias semillas está en la base de un nuevo modelo agrícola que debemos favorecer para así poder tener alimentos cada vez más sanos en nuestros mercados olvidándonos de la química que nos aportan los productos transgénicos de las transnacionales de la alimentación.

Foto: Xuxo Domínguez Fraga.

martes, 10 de diciembre de 2013

¿Es el hambre en el mundo un problema de falta de alimentos?

Por Lola Pena

Dicen que no hay alimentos para todos y que por eso existe el hambre en el mundo; pero lo cierto es que se estima que el mundo produce actualmente alimentos para 9.000 millones de personas y tiene 7.200 millones. ¿No será entonces que los estamos repartiendo mal?

Para garantizar la seguridad y soberanía alimentaria de cada país, los gobiernos deberían defender y apoyar la agricultura de dicho país con políticas agrarias que favorecieran el desarrollo de la agricultura autóctona y familiar que rescata la semilla tradicional, lejos de las semillas transgénicas que las grandes compañías transnacionales intentan por todos los medios colocarnos de modo que sigamos dependiendo de ellas para seguir comiendo año tras año aumentando de paso sus constantes beneficios económicos.

En el mundo hay unos 1.200 millones de personas sumidas en la pobreza extrema. Para ellos es muy difícil adquirir los alimentos. Las constantes subidas de los de los precios de los alimentos, agudizadas por la especulación en las bolsas de alimentos, hace que muchos millones de personas tenga muy difícil el acceso a una alimentación adecuada.

Por otra parte, los agricultores pobres están siendo especialmente afectados por las consecuencias del cambio climático. El aumento de la frecuencia y magnitud de los desastres naturales, y la desertificación de extensas zonas del planeta están destruyendo precarios equilibrios de supervivencia.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a nivel mundial, el hambre se ha reducido en la última década, pero 870 millones de personas todavía están desnutridas, y millones de seres humanos sufren las consecuencias de las deficiencias de vitaminas y minerales, incluyendo la falta de crecimiento infantil.

La inseguridad alimentaria es hoy en gran medida un problema de acceso a los recursos y servicios que necesitan las familias para producir, adquirir u obtener suficientes alimentos nutritivos.

La agricultura desempeña un papel fundamental para permitir el acceso a los alimentos. Más del 70% de los pobres viven en zonas rurales y la mayoría depende directa o indirectamente de la agricultura para su subsistencia. Aumentar la productividad agrícola local y autóctona es, por tanto, un elemento importante en la mejora del acceso a los alimentos.