Pese a los avances que ha habido en materia social y económica en todo el mundo, se continúa discriminando a las mujeres rurales, a las mujeres indígenas y a las mujeres afrodescendientes. Por lo general tienen menos acceso a los medios productivos así como un menor acceso a los servicios sociales y de salud básicos. Tampoco suelen tener oportunidades para poder llevar a cabo una capacitación profesional acorde a los tiempos que vivimos. Les es prácticamente imposible cambiar los roles tradicionales que la sociedad les ha asignado y su trabajo no se valora ni se visibiliza.
Para conseguir el empoderamiento y el fortalecimiento de la autoestima de estas mujeres debería permitírseles participar en las actividades económicas de forma autónoma y autogestionada, de manera que ellas misma vean que pueden vencer las barreras de género que la sociedad les aplica todos los días. Con ello mejorará su situación y el de todo su entorno. Si las mujeres rurales salen del agujero en que sistema patriarcal y colonizador las colocó en un momento histórico, toda la sociedad, todo el grupo familiar mejorará sus condiciones de vida. Démosles, pues, una oportunidad… Seguro que la sabrán aprovechar.