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miércoles, 28 de mayo de 2014

Luchando contra la mutilación genital femenina (MGF)

La mutilación genital femenina (MGF), esa infame práctica cometida contra las mujeres en aras de la tradición cultural y del más profundo fanatismo religioso, va poco a poco desapareciendo gracias a los cambios legislativos que la prohíben y a la educación que sensibiliza a la población contra esta práctica.

Pero es en el medio rural de los países en los que se practica en donde sigue siendo un tema tabú que no respeta las nuevas leyes y en donde se perpetúa lo que por tradición y moral religiosa se ha hecho durante toda la vida.

Hoy, 28 de Mayo, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Acción por la Salud de las Mujeres. Y eso es justo lo que no tienen estas mujeres que sufren la MGF; una mutilación que les puede provocar trastornos de salud crónicos como la incontinencia urinaria o incluso la infertilidad, por no hablar de los numerosos problemas que tienen a la hora de parir a sus hijos e hijas, o de lo dolorosas que pueden ser para estas mujeres las menstruaciones o las relaciones sexuales con sus parejas.

Los defensores de esta práctica argumentan que promueve la castidad entre las mujeres. Sin la ablación las chicas están llenas de deseo sexual, lo que las empuja a ser infieles a sus parejas. Y para justificar la MGF se recurre a la tradición y a la religión haciendo buena una práctica salvaje de mutilación.

Sólo con campañas de educación y sensibilización que abran los ojos a la población de los países en los que se continúa realizando la MGF se conseguirá acabar con ella. Cuando los gobiernos pongan los medios para que se apliquen las leyes que han aprobado en contra la MGF se podrá ir disminuyendo en número de mujeres que la sufren.


Datos generales:

- La MGF la han sufrido:

  • El 92% de las mujeres de Mali.
  • El 91% de las mujeres de Egipto.
  • El 78% de las mujeres de Gambia.
  • El 28% de las mujeres de Senegal.
  • El 19% de las mujeres de Nigeria.

- Ya hay 16 países en África que han legislado contra la MGF:

  • En Mali está prohibida la MGF en los hospitales desde 1975.
  • En Egipto está prohibida por una ley desde 2008.

- En 2003 se incluyó un apartado especial sobre la MGF en el Protocolo de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos.


lunes, 17 de junio de 2013

No dejes que nuestro futuro se seque

Bajo ese lema se celebra hoy, 17 de junio, en todo el mundo el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación. España es el país de la Unión Europea con el máximo índice de desertificación. Un 37% de la superficie del país ya está afectada.

En 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 17 de junio como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía (resolución 49/115) para fomentar la conciencia pública sobre el tema, así como también la puesta en acción de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) en aquellos países afectados ya sea por graves sequías, por desertificación, o por ambas, en particular en África.

El lema de este año 2013, «No dejes que nuestro futuro se seque», pide adoptar medidas para preparar y anticipar la escasez de agua, la desertificación y la sequía. La idea es que todos somos responsables de la conservación y del uso sostenible del agua y de la tierra. Concienciar al mundo de los riesgos de la sequía y la escasez de agua en las tierras secas y en otras partes del planeta y subrayar la importancia de mantener suelos saludables es el objetivo del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación 2013 .

La desertificación es un proceso de degradación ecológica en el que el suelo fértil y productivo pierde total o parcialmente el potencial de producción. Esto sucede como resultado de la destrucción de su cubierta vegetal, de la erosión del suelo y de la falta de agua; con frecuencia el ser humano favorece e incrementa este proceso como consecuencia de actividades como el cultivo y el pastoreo excesivos o la deforestación.

La desertificación es sinónimo de pobreza, porque se produce un empobrecimiento de la naturaleza que trae consigo un empobrecimiento económico de las regiones que la sufren como consecuencia de la erosión, del deterioro de las propiedades físicas, químicas y biológicas de los suelos y los ecosistemas y la pérdida de la vegetación natural.

La desertificación afecta ya a 250 millones de personas según la FAO, pero más de 100 países están en una situación de riesgo. Las cifras que cuantifican este problema mundial son alarmantes: casi el 40% de la superficie de los continentes puede considerarse como áreas desérticas, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Dentro de estos territorios sobreviven millones de personas en condiciones de persistente sequía y escasez de alimentos.

La desertificación en el mundo

En África, en países muy poblados y con pocos recursos, como son los de la franja subsahariana, se observa un incremento de las zonas desérticas. Naciones que durante siglos habían sostenido sociedades prósperas, se encuentran ahora en el límite de la subsistencia.
Madagascar es el país más erosionado del mundo. El 93% de su bosque tropical y el 66% de su selva lluviosa han sido talados.
En Túnez más de la mitad del país está cubierto por tierras desérticas, con el desierto del Sáhara al sur, que avanzan hacia el norte.
En América, la Patagonia argentina se halla muy afectada por la desertificación en su parte central y en menor medida en su parte costera, debido al sobrepastoreo, el aprovechamiento incorrecto de los recursos hídricos y del espacio empleado para la agricultura, así como también influye la explotación petrolera privada con poco control estatal.

Y por España... ¿qué está pasando?

En España la desertificación se ha asociado históricamente con la erosión. Sin embargo, la desertificación en España no se debe tanto como se piensa a los problemas de erosión en el medio natural. Hay otras cuatro causas principales que son las que más están desertificando el país:
  • La sobreexplotación de acuíferos y el mal uso del agua disponible agravan el fenómeno y da origen a los extensos territorios en los que se desarrolla la desertificación.
  • La urbanización y la construcción es otra de las principales causas de destrucción y transformación irreversible del territorio, incluyendo las áreas de suelo fértil. 
  • Las infraestructuras de transporte, sobre todo las lineales de alta capacidad como las autovías o las líneas de alta velocidad ferroviaria, ocasionan una gran e irreversible pérdida de suelo fértil.
  • La política forestal española, orientada hacia la producción maderera a partir de la década de los 60, ha generado enormes problemas de erosión.

Soluciones a la desertificación.

Pero no todo es negativo... El lado positivo de esta historia es que contamos con los instrumentos necesarios para combatir el avance de la desertificación. Siguiendo con el lema de este año "No dejes que nuestro futuro se seque" lo mejor es que comencemos a adoptar medidas para preparar y anticipar la escasez de agua, la desertificación y la sequía. Los bosques, por ejemplo, bien gestionados son sin duda una de las mejores herramientas con las que cuenta el hombre para luchar contra la desertificación. Otros pasos que podemos seguir para luchar contra la desertificación son:
  • Divulgar el problema en la sociedad con el fin de sensibilizarla ante el mismo.
  • Lograr un aprovechamiento sostenible y rentable del suelo, del agua y de los recursos naturales del territorio afectado sería otra buena medida de recuperación de la cubierta vegetal. Para ello hay que considerar las necesidades de las poblaciones locales, y proporcionar a los habitantes alternativas sostenibles al mal uso de la tierra.
  • La lucha contra la desertificación supone llevar a cabo actividades que ayuden a frenar el proceso e incluso a recuperar las tierras mediante la prevención o la reducción de su degradación, la rehabilitación de tierras parcialmente degradadas, y la recuperación de tierras desertificadas.

No nos quedemos de brazos cruzados y pongamos manos a la obra. 

Tenemos los medios necesarios para cuidar del recurso natural más valioso para el ser humano, el agua dulce. De toda el agua que hay en la tierra, sólo el 2,5 por ciento es agua dulce. Y de toda esta agua dulce, sólo se puede usar menos del 1 por ciento para los ecosistemas y los seres humanos.

Ahora sólo tenemos que tener la voluntad social y política para cuidarla.



Más información:




viernes, 7 de junio de 2013

Las mujeres de África: Principal motor del desarrollo del continente


Celebration - Keith Mallet

Pocas veces los medios de comunicación nos acercan una realidad positiva del continente africano, nos lo presentan como una totalidad. Sin embargo, Áfricas hay muchas y distintas. Es un continente complejo y plural. Las cifras estadísticas no son buenas, eso no las vamos a negar... pero no nos tenemos que quedar sólo con esa negatividad. 

El último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que de los últimos 50 países con el Índice de Desarrollo más bajo, 40 son africanos.

De los cerca de 936 millones de personas viven en África, 315 millones lo hacen en la pobreza, 460 millones tienen dificultades para alimentarse, 50 millones pasan hambre crónica y todo a pesar de las enormes riquezas del continente. 300 millones, en su mayoría habitantes de zonas rurales, no tienen acceso al agua potable, 313 millones, carecen de servicios básicos de saneamiento.

Pero la peor parte se la llevan los niños y las mujeres: más de 200.000 niños son utilizados como soldados, esclavos domésticos o están dedicados a la prostitución; más de 78 millones de niños están sin escolarizar (la mayor parte de los cuales son niñas); en África subsahariana hay 28 millones y medio de infectados por el VIH, de los que el 60 por ciento son mujeres. Unas mujeres que pese a todo son la gran esperanza del continente. Las africanas son el principal elemento de desarrollo del continente. Son ellas quienes mantienen el 90 % de la economía informal, son las que producen el 80 % de los alimentos y mantienen al 40 % de las familias. La mujer africana es el pilar en el que se sustenta la sociedad donde vive.

Hace algunos días, el pasado 25 de Mayo, se celebró el Día Mundial de África o el Día de la Liberación de África que llegaba a su 50 aniversario desde aquel año 1963 en que la antigua Organizaciones para la Unidad Africana (OUA) instaurara esta celebración en Addis Abeba (Etiopía). La Unión Africana (UA), organización que reemplaza a la OUA desde 2002, ha continuado con la celebración.

El origen de esta celebración está en una reunión que se celebró en Accra (Ghana) el 15 de Abril de 1958. Activistas y líderes políticos africanos promovieron la I Conferencia de estados independientes africanos y crearon el African Freedom Day (Día de la Liberación de África) con el fin de simbolizar la determinación de los africanos para liberarse de la dominación y explotación extranjera. Más tarde, el 25 de Mayo de 1963, líderes de 32 estados africanos se reunieron en Addis Ababa (Etiopía) para formar la Organización para la Unidad Africana (OAU), y la celebración pasó del 15 de abril al 25 de mayo.

Entre las iniciativas y actividades que se desarrollaron para celebrar este Día tan especial, muchas organizaciones decidieron rendir homenaje a los millones de mujeres africanas que contribuyen al desarrollo de sus países. El hecho de que las mujeres africanas sean unas trabajadoras incansables no impide que tengan el triste récord de ser “líderes” en las estadísticas negativas del continente africano.

Ellas… son África

A estas mujeres no se les tiene en cuenta para nada, no pueden estudiar. Son las primeras en las listas del analfabetismo, las primeras en la falta de atención médica, las primeras privadas de todo derecho. Pero también las mujeres africanas son las que llevan casi siempre el peso de la economía familiar. Trabajan en el campo, cuidan de los hijos y llevan a cabo la tareas de la casa.

Sin embargo, aunque todavía hay muchas diferencias e injusticias a las que hacer frente en todos los ámbitos de la sociedad, algunas de ellas ha comenzado a tomar el control de sus vidas de modo que han sido capaces de organizarse en pequeñas granjas o en pequeños negocios (gracias, en parte, a los microcréditos que han comenzado a recibir) y tener su propia autonomía. Las mujeres saben que la educación es un asunto clave. Cada día luchan por que sus hijas e hijos pueden ir a la escuela, cada día luchan por poder ellas misma acceder a esa formación que tanto necesitan para seguir creciendo socialmente. África está avanzando gracias al empuje, el impulso y la iniciativa de sus mujeres. Unas mujeres fuertes que buscan participar, en igualdad de condiciones con el hombre, en la sociedad. Ellas se han terminado convirtiendo en el principal motor del desarrollo de África.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Sin acceso a la tierra no hay alimentos para las mujeres rurales

Por Lola Pena.

Uno de los problemas al que se enfrentan día a día miles de mujeres rurales de casi cualquier lugar del mundo es el de poseer un terreno en el que poder cultivar los alimentos con los que después van a alimentar a su familia.

Si esa mujer tiene un marido que es propietario de algunas parcelas de tierra, tal problema no existe, porque ella podrá trabajar de sol a sol en ese terreno y podrá, con el resultado de su trabajo, no sólo alimentar a su familia sino que incluso podrá permitirse el lujo de vender los excedentes de su producción en el mercado local. Con ello obtendrá unos beneficios que mejorarán la calidad de vida de la familia. Los niños podrán ir a la escuela y sus perspectivas de futuro mejorarán también.

Pero, ¿qué pasa si ese marido fallece y la mujer rural se convierte en la cabeza de familia? La respuesta es sencilla.

En Camerún, por ejemplo, la tradición cultural en las zonas rurales concede el derecho de herencia exclusivamente a los hombres. Las mujeres son las que producen el 80% de los alimentos que consume el país pero son propietarias de apenas el 2% de las tierras, de acuerdo con estadísticas de 2011 de la Red Camerunesa por la Equidad de Género.

Las mujeres campesinas en los países en desarrollo generan entre el 60 y el 80% de la producción de alimentos. Pero para que puedan hacer un uso eficiente de la tierra y pueden aumentar la seguridad alimentaria en sus comunidades, tendrían que tener acceso a la titularidad de la tierra, y eso es lo que les falta.

Por otra parte, en muchos países se establece por ley el acceso equitativo a la tierra para todos los ciudadanos. Sin embargo, la realidad es otra, prevaleciendo las prácticas tradicionales que discriminan a las mujeres.

La ley en Bangladesh dice que el Estado tiene la obligación de asegurar la equidad de las mujeres en cuanto a la posesión de la tierra y el derecho a la herencia. Las autoridades gubernamentales deben tomar medidas para asegurar el respeto del derecho de las mujeres a la tierra y a la herencia. Esto es lo que dice la ley; no obstante, las prácticas tradicionales y la falta de voluntad política y de medios económicos para poner en funcionamiento la ley hacen que la mujer bangladeshí continúe sin un acceso equitativo a la propiedad de la tierra.

Los casos de Camerún y Bangladesh son sólo unos ejemplos representativos de lo que ocurre en el mundo actual. Echando una ojeada a ese mundo vemos que el acceso de la mujer a la tierra se basa en su estatus en el seno de la familia e implica el derecho a su uso pero no a su propiedad.

En África son los usos y costumbres los que excluyen a la mujer del derecho de propiedad; ésta se tiene a nombre del hombre y, a su vez, sigue la rama masculina de la familia. El derecho de las viudas a quedarse en la tierra de sus maridos no es seguro. Depende de las tradiciones culturales presentes en el país o región del contiene del que se trate.

Por su parte en Asia, la barrera más común para el acceso a una propiedad la forman las leyes de herencia que privilegian al hombre respecto de la mujer; si una mujer hereda una propiedad, es su marido quien se hace cargo de administrarla. Formalmente, las mujeres hindúes ostentan derechos de propiedad, pero solo mientras viven; a su muerte, ésa pasa de nuevo a la rama masculina.

En América Latina, la discriminación deriva más bien del limitado estatus jurídico de la mujer. En muchos casos aunque la mujer sea mayor de edad conforme a la legislación del país en cuestión es su marido quien la representa en todas sus facultades legales, incluida la propiedad de la tierra.

En muchos países de América Latina y África toda esta situación se agrava aún más por el acaparamiento de tierras que están llevado a cabo las grandes empresas multinacionales agroalimentarias y las familias más ricas de la sociedad que llevan a situaciones extremas a las mujeres y a comunidades rurales ante la pérdida total de su seguridad y soberanía alimentaria

El derecho humano a la alimentación debe poner uno de sus pilares fundamentales en un acceso equitativo a la propiedad de la tierra para mujeres y hombres. Y mientras esto no ocurra, mientras las mujeres rurales del mundo continúen sin acceso a la tierra tampoco tendrás acceso a los alimentos.

Más información:

Por Lola Pena.





martes, 14 de febrero de 2012

La desigualdad social de las mujeres rurales versus la seguridad alimentaria.

Por  Carlos Timiraos

La desigualdad social que sufren las mujeres rurales en América Latina, África y Asia se refleja claramente en el limitado acceso y control que tienen a los recursos necesarios para asegurar su alimentación y la de sus familias. Las mujeres rurales de estas regiones del mundo cuentan con un derecho a la propiedad y uso de la tierra muy limitado o inexistente.

En ocasiones el pequeño campo de cultivo es propiedad del esposo que ha emigrado a la ciudad para ganar un poco de dinero, y la mujer (que ahora ejerce de cabeza de familia) se ve con las manos atadas ya que sólo puede disponer de esa tierra para cultivarla pero sin poder tener acceso a los créditos y al uso de las tecnologías que puedan aumentar la productividad de sus campos o reducir los efectos adversos que el cambio climático ocasiona en sus cultivos.

En otras ocasiones, los campos son de toda la comunidad en las que las mujeres viven, y son los jefes de la comunidad los que deciden que se hace con esas tierras, sin tener en cuenta para nada la opinión de las mujeres.

Las mujeres tampoco tienen un reconocimiento al importante papel social que juegan al asegurar la alimentación de sus comunidades; como tampoco se reconocen todos los trabajos que realizan para sostener a la familia. Lejos de ellas quedan los programas y políticas públicas de desarrollo rural que los gobiernos de los países de estas regiones del mundo aplican en cada uno de los países y que no reflejan ni ayudan a mejorar el nivel de vida ni la realidad social en la que viven día a día millones de mujeres rurales del mundo.